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No Logo: la explotación de las marcas

1 comentario
Si has comprado alguna prenda de ropa de marca esta última década y buscas en la etiqueta,  probablemente leerás que esta ha sido fabricada en China, Tailandia, Indonesia. la India o algún otro país pobre del tercer mundo.  ¿A qué se debe esto? La primera impresion puede ser creer que las grandes marcas han instalado fábricas en los países subdesarrollados porque así les sale más barato producir y además les dan trabajo a los habitantes.

Pero esa es solo una verdad a medias. ¿Por qué?

En las fábricas instaladas en dichos países trabajan día y noche, confeccionando prendas, millones de mujeres de entre doce y veinte años. Las condiciones de trabajo se parecen más a las de un régimen de esclavitud que a las de una fábrica de una gran compañía. Se les obliga a trabajar horas extra, sus condiciones sanitarias son inexistentes, se les trata a gritos, no se les permite descansar, ir al baño o acudir al médico, si se les despide no se les paga compensación y no se les permite formar sindicatos o hacer huelgas. ¿Y los salarios? De unos $ 1,6 US dolares diarios ($ 818 pesos chilenos), o de 6 centavos de US dolar la hora ($ 30 pesos chilenos), segun el lugar.

Nike, Calvin Klein y Disney están entre esas grandes marcas.


¿Pero cómo se llegó a esto?


Mediante algunos acuerdos firmados entre los gobiernos de países del tercer mundo y los grandes bloques económicos, se han destinado lugares dentro de un país en donde las empresas extranjeras pueden llegar e instalar sus fábricas sin tener que pagar impuestos. El objetivo de hacer esto fue crear un ambiente atractivo para que las empresas se interesaran en los países pobres, trajeran sus intalaciones y les dieran trabajo a los habitantes, para que estos lograran superar la pobreza. Pero una vez instaladas, estas fábricas no han respetado los derechos mínimos de un trabajador. Han reducido los salarios a una suma irrisoria y se han mantenido explotando a la gente. ¿Y qué pasa si el gobierno del país les exige que mejoren sus normas? Pues dicen que no pueden hacerlo y amenazan con irse, dejando a miles de personas sin trabajo, o bien se marchan hacia otro país que ofrezca condiciones más favorables para continuar con su explotación.

Ahora. ¿cómo puede una empresa de éxito mundial y apoyadora del deporte y de la igualdad como Nike tener estas actitudes?



La verdad es que las grandes empresas de marca hace años que no fabrican productos: solamente se preocupan de la imágen de la marca. ¿Y los productos? Pues estas empresas subcontratan a proveedores y les hacen llegar sus pedidos. Estos proveedores son los que instalan las fábricas en los países subdesarrollados. Así que cuando tú compras un producto Nike, o Levi's, o Disney, y te sientes bien porque es original, ten en cuenta que ni Nike ni Levi's ni Disney fabrican algo. Ellos mandan a  hacer sus productos a algún lugar como Tailandia, al precio más bajo posible, y luego los etiquetan como suyos. Es común que en una misma fábrica se hagan productos para distintas marcas. Pero los trabajadores no están autorizados a saber para quienes son los productos que están haciendo.

De esa forma las grandes marcas se desentienden de los 'problemas' de fabricar los productos que les dan ingresos, y se enfocan en su verdadero objetivo: hacer dinero. Sin embargo, estas grandes marcas les exigen a sus proveeedores que sus productos sean fabricados al coste más bajo posible, y debido a eso ellos van a instalarse a los países pobres y les pagan una miseria a los obreros.



Sin embargo, los ejecutivos de esas grandes compañías reciben sueldos anuales de más de 300 millones de dólares, y se gasta más que eso en publicidad.

El análisis de esta problemática se discute ampliamente en el libro de la periodista canadiente Naomi Klein titulado NO LOGO. Es el resultado de una detallada  investigación acerca del origen del concepto de  marca y de cómo las empresas lo fueron adoptando, hasta llegar al momento en que la marca logró ser más importante que el producto, y de cómo esto ha afectado a la economía mundial. Habla de cómo el concepto de trabajador ha cambiado de ser un funcionario que trabaja para lograr los objetivos de la empresa a cambio de una copnesación al de un simple recurso al que se debe tomar y dejar sin entregarle ninguna retribución que no sea la mínima.



El libro comienza hablando de la historia de la publicidad y de cómo las grandes compañías, exitosas por sus negocios, lograron llenar el mercado con sus productos. Personalmente no creo que haya nada de malo en eso, es el desarrollo natural de una empresa que tiene éxito.

Pero cuando empezamos a ver que las grandes marcas ya no solo quieren ofrecernos sus productos, sino que llenan cada espacio libre que puedan con grandes letreros publicitarios, que crean bandas musicales y las hacen populares sólo para realzar su marca, cuando las vemos apoyando a dictaduras y a atropellos contra los derechos humanos, empezamos a ver que algo no anda bien.

Cuando Disney nos habla de un mundo de magia y fantasía donde los sueños se hacen realidad, pero permite que sus productos los fabrique una niña de quince años a la que se le paga menos de dos dólares por  diez, doce o más horas de trabajo. Cuando nos enteramos de que las zapatillas de Nike, símbolo del deporte mundial, con sus comerciales contra el racismo y la pobreza,  que se venden por 150 dólares son echas por trabajadoras que viven encerradas y tratadas como esclavos. Cuando leemos de la polìtica de abusos de Mc Donal's contra sus trabajadores, y de los de Microsoft contra los suyos,  y de los de Wallmart, Starbucks, Benetton, y muchas más empresas, entonces recién nos damos cuenta de que tenemos un gran problema entre manos, de que nuestra vida está siendo moldeada por grandes compaías multinacionales que nos hacen creer que son una cosa cuando son algo totalmente opuesto.

¿Qué podemos hacer contra tales abusos? Pues hay grupos en todo el mundo que están reaccionando contra las grandes marcas. Esto ha causado graves daños a los ingresos -la ùnica parte que les duele-  a estas compañías. Pues su gran fortaleza es a la vez su talón de Aquiles: su imágen. Y si la gente se entera de sus acciones y empieza a repudiar la marca, esta empezará a decaer. Y si dicen los pesimistas que eso no resolverá nada, pues luego aparecerá una nueva, pues entonces habrá que informar a la población para que esa marca también empiece a perder poder.

Pero tal vez el primer paso sea más simple: dejemos de comprar sus productos, ir a sus tiendas, ver sus comerciales por tv.

Que nuestra identidad de marca sea precisamente el carecer de ella.

1 comentario :

Ed. Expunctor dijo...

Aquí tienes datos concretos:

http://www.scribd.com/doc/208351/El-libro-negro-de-las-marcas-Werner

Saludos.