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Te acuerdas, amig@...?

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Te acuerdas, amig@...?

Te acuerdas, amig@, de aquellos días? ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿meses? ¿años? Depende, amig@, depende. Recuerdo esas charlas interminables, la complicidad y el compañerismo de tantas tardes de sol y lluvia. Y esas largas conversaciones por internet, mitad confesiones, mitad lamentos, mitad bromas y mitad sicoanalíticas. Tantos momentos en que que desmenuzamos grano a grano la montaña gigante de tus problemas hasta lograr que te dieras cuenta de que podías apretarlos en la palma de tu mano.





Y esa tarde en compañía de una botella de cognac a la sombra de los árboles, alejados de todos, hablando de la vida. Y esa vez sentados en el suelo de tu cocina hasta la madrugada, escuchando la historia de tu cambiante existencia. Y esas veces en que detrás del messenger discutíamos profundos temas y llegábamos a conclusiones importantes a veces, y muy disparatadas las otras. Y tantas horas de caminar por la orilla de la playa.

Y las llamadas al teléfono móvil para decirte 'tú puedes' en esos momentos en que te sentías tan bajad@ que ya no creías en ti.

Y es que todos necesitamos a veces a alguien que nos tienda una mano para tener un brazo del cual agarrarnos, y yo sabia que tú lo necesitabas en ese momento y me apresuré a dártelo. Lo sabes tan bien como yo, me agrada ayudar personas y también hacer amigos. Y traté de ser contigo como me hubiera gustado que hicieran conmigo.

Pero el tiempo ha seguido su curso. Y ya tus problemas se han ido acabando, y junto con ellos  tu cercanía, amig@. Ya no hay largas charlas por internet, ni llamadas telefónicas solo por saludar, tampoco salidas a beber algo o a caminar. Desde cierto punto, es casi increíble que dos personas tan unidas en otro tiempo  ahora caminen cada una por su lado, como si nada. ¿Y qué queda de esto? Bueno, tendré que conformarme con recibir un mensaje de texto o un correo electrónico para el día de mi cumpleaños, de lo cual estaré agradecido de todas formas, desde luego.

Es que simplemente no me echas de menos. ¿Por qué? La respuesta es sencilla, querid@ amigo@. Porque ya no me necesitas. Ahora tu vida es mejor que antes y ya mi compañía no te hace falta, o ya no necesitas mis consejos. De todas formas como ya no puedo darte algo, me has olvidado.


La verdad es que estas situaciones no son tan extrañas, querido@ amigo@. Mucha de la gente que sufre se vuelve egoísta y busca amor y atención de forma casi desesperada. Pero por dentro lo único que les importa es ellos mismos, sólo desean sentirse bien. Y si una persona les ofrece algo de consuelo, por muy insignificante que sea, se aferran a ella y se quedan a su lado mientras les siga consolando, es decir, mientras les siga siendo útil.

¿Acaso eres así tú, amig@? ¿Acaso lo único que buscaste fue sentirte bien? Pues entonces admito haber cometido un error, porque la verdad es que me había encariñado contigo.  Y con varias personas más, pues como debes haberte dado cuenta al leer, pues eres una persona inteligente, esta carta es para ti y para algun@s más como tú. Pero en especial para ti.

¿Y por qué crees que escribo esto? ¿Acaso es algún tipo de desahogo? Tal vez. Hace tiempo que deseaba escribirlo. Quiero que lo leas y sepas lo que pienso de ti. Que aún te recuerdo. Que si alguna vez me pides un consejo, tendrás el mejor que pueda darte, y que te deseo suerte en tu vida. Pero que en mi interior solo eres un agradable recuerdo. Y no te considero una persona cercana ni te echo de menos. Espero que seas feliz.

Adiós.

1 comentario :

Azur dijo...

Wow! q bonito! y qué razón tienes! "Que si alguna vez me pides un consejo, tendrás el mejor que pueda darte, y que te deseo suerte en tu vida. Pero que en mi interior solo eres un agradable recuerdo." Espectacular!