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Del por qué no recordamos vidas pasadas

2 comentarios

Desde hace pocos días me he encontrado leyendo el libro "Metagenealogía" del gran Alejandro Jodorowsky. Como es característico de sus libros (y de muchos otros autores cuyas obran pretenden ayudar al crecimiento espiritual de quienes las lean), en sus páginas se hace mucho énfasis en liberarnos del yo inferior y en acercarnos al Yo superior, que vendría a ser nuestro verdadero yo.

En pocas palabras, el Yo inferior está compuesto de nuestras costumbres, de nuestros anhelos, de nuestras carencias y represiones, de la memoria de lo que hemos vivido, es decir, de todo lo que ha formando nuestra manera de ver el mundo. Es lo que nos hace reaccionar de determinada forma ante una situación, basándonos en las experiencias pasadas o en lo que creemos que se debe hacer o decir.

El Yo superior, por otra parte, vendría a ser nuestro yo esencial, lo que queda de nosotros si eliminamos nuestras experiencias, nuestros objetivos de vida, nuestra memoria, nuestras carencias, es decir, todo lo que en la vida nos da nuestra personalidad.

Según las creencias acerca de la reencarnación, cuando llegamos a vivir en este mundo material, se crea un "alma inferior" en la cual aloja lo que conocemos como "Yo inferior", la cual va creciendo a medida que transcurren los años. Luego al morir, esta alma inferior  queda "flotando" en el plano etéreo  y se disuelve a medida que transcurre el tiempo. 



Sin embargo, hay otra parte de nosotros que sobrevive a la muerte. Esta otra parte es conocida como "alma superior", y es en donde se encuentra el Yo Superior. Esta es la parte de nosotros que se mantiene a través de múltiples reencarnaciones y la que se va enriqueciendo con nuestros aprendizajes en cada vida que nos toque vivir. Es esta alma la que a través de nuestro aprendizaje va creciendo y puliéndose hasta llegar a un nivel espiritual más elevado que el del mundo material. En ese momento ya no nos es necesario volver a nacer en un cuerpo de carne, y podemos seguir ascendiendo en los planos espirituales, estando cada vez más cerca del Todo (comúnmente conocido como "Dios").

Una de las preguntas que más comunmente se suele hacer con respecto a la reencarnación es: si hemos tenido múltiples vidas, ¿a qué se debe que no podamos recordarlas? Tal vez para entender esto podríamos aplicar esa misma situación a nuestra vida actual.

Imagínate que mañana tuvieras un golpe y quedaras con amnesia, así como sucede con algunas películas (y algunas veces en la vida real). Que te quedaras sin recuerdos. Que no reconocieras a tus amigos ni parientes. Que no recordaras cuáles eran tus gustos para vestir, ni qué te gustaba hacer, ni cómo era tu énfasis en la voz al hablar. Que fueras una persona con una mente sana, pero en blanco

¿Qué harías? ¿elegirías de nuevo a los mismos amigos? ¿el mismo tipo de musica? ¿te gustarían las mismas comidas? ¿y la pareja que tenías antes? ¿los mismos códigos morales? Ya no tendrías los mismos miedos,  todos los que te rodean te serían desconocidos.  

¿Y si te convirtieras en una persona diferente, con otros amigos, otros gustos, otra vida...?

El objetivo de las reencarnaciones es aprender mediante las múltiples experiencias que tengamos. Pero lamentablemente nuestro yo inferior crea una jaula mental en base a nuestras vivencias, y eso nos hace comportarnos de una manera definida. Si en esta vida tengo preferencia por los lugares ruidosos, evitaré los lugares quietos. Si me atrae la música, no me interesará dedicarme a hacer deporte. Si alguna circunstancia familiar de mi niñez me ha marcado para mal, puede que esta impida que se desarrollen algunos aspectos de mi vida. De una u otra forma, siempre al elegir algo dejaremos otra cosa de lado. 

Si en cada reencarnación pudiéramos recordar lo que vivimos en la última vida, naceríamos con una inmensa cantidad de experiencia. Pero inevitablemente  también recordaríamos todas las marcas y daños de aquella vida anterior. Es decir, nuestra jaula mental se mantendría, y probablemente terminaríamos repitiendo muchas cosas de esa otra vida. Quizás en un deseo de volver a vivirla en caso de haber sido buena, o en un deseo de alejarse de ella lo más posible, en el caso de que haya sido poco agradable.

El punto es que mantendríamos gran parte de las jaulas mentales heredadas desde las otras vidas, y eso nos impediría probar otras formas de vivir. Es más, tal vez muchas personas terminarían suicidándose para pasar lo más pronto posible a vivir su proxima encarnación, en caso de que la actual no les gustara, y no se cumpliría el propósito de aprender a través de las vidas y de pagar el karma acumulado.

El karma es la acumulación de energías positivas o negativas que nos afectarán en nuestras próximas vidas y que actuarán como facilitadores, en caso de que sean cargas positivas, a manera de recompensa por nuestras buenas acciones; o bien como dificultades, en caso de que sean energías negativas, producto de acciones dañinas realizadas por nosotros.

"La mente es el gran destructor de lo real. Destruya el discípulo al destructor.
Cuando el discípulo haya cesado de oír los muchos sonidos, entonces podrá discernir al UNO,  
al sonido interno que mata al externo. 
Entonces, recién abandonará el mundo de lo falso 
para entrar en el reino de lo verdadero.
Antes que el alma pueda ver, debe haberse alcanzado la armonía interior 
y los ojos carnales han de estar cegados a toda ilusión."
(Helena Petrovna Blabatsky)




2 comentarios :

Thanatos dijo...

me gusto, deja mucho q pensar y reflexionar espero leer mas sobre estos temas, alguna sugerencia?
Saludos

Dra. Silvia Laura Piedrabuena dijo...

Creo en mí y en él. Como John y Yoko.