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Demasiado amor y muy poco respeto

1 comentario

Mas que amor, nos hace falta respeto. El amor lo aguanta todo, dicen por ahí.  Mientras que el respeto no es tan magnánimo.

Podemos, a manera de ejmplo, adoptar un gatito,  llevarlo a vivir a nuestra casa para que sea nuestra compañía. Y para que no se ensucie no lo dejamos salir al exterior, y para que no arañe le podemos cortar las uñas, y también los bigotes para que no los tenga tan largos. Y podemos bañarlo con shampoo especial para gatos y tenerlo siepre perfumado y con un collar con una campana para que siempre sepamos en dónde está. Y podemos decir que lo hacemos porque amamos a los gatos, y que a este lo queremos mucho. Sin embargo, en nombre de ese amor estamos  haciendo que el pobre felino sufra un cautiverio en condiciones deplorables, mientras matamos poco a poco su instinto y lo obligamos a "civilizarse", todo para satisfacer nuestro inmenso y egoísta amor por los gatos.

Tal vez haya amor en eso, alguna forma retorcida de amor,  pero no hay respeto (otro día escribiré acerca de si en verdad puede existir amor sin respeto). Si nos detenemos a pensar en que ese ser deberia merecer nuestro respeto, automáticamente frente a nosotros surge un "alto". Si lo respetas, no le puedes hacer lo que quieras. No te sientes con el derecho a tomarlo como si fuera una cosa. Te pones a pensar que es necesario considerar sus preferencias.

Y no solo en el plano de las mascotas. También podemos aplicarlo en el plano sentimental. Si tenemos una pareja, en nombre del "amor" podemos forzarla a dejar a sus amigos, sus gustos, su forma de vestir, a contarnos todo lo que pasa en su vida, a que nos de sus contraseñas de correos, redes, etc., so pretexto de que la amamos tanto que queremos que nos comparta todo para que no hayan secretos entre nosotros. Pero si ponemos en nuestra mente la idea de que esa persona se merece nuestro respeto, de nuevo la idea de abosorber y mandar se ve obstaculizada.

Y podemos seguir interminablemente. 

Si respeto al vagabundo que me pide dinero, no puedo mirarlo con desprecio por estar mal vestido. 

Si respeto a un árbol, no puedo cortarle ramas sólo porque me da la gana.

Si siendo jefe respeto a mi subordinado, no puedo darle órdenes como si fuera mi esclavo .

Si respeto a mis hijos no les exigiré en nombre del amor que no me defrauden, que estudien lo que yo quiero, o que tengan los amigos o la pareja que a mí me parezca. Puedo aconsejarlos, puedo decirles que no estoy de acuerdo, pero si tengo en mente respetarlos, me vería obligado a tomar en cuenta sus deseos.

El respeto causa al menos un par de cosas. Primero, una cierta distancia entre la persona y lo respetado. Si veo a mis hijos solo con cariño, por el bien de ellos puedo hacerles lo que se me ocurra. Si pienso en respetarlos, de pronto podria sentir que no tengo ese derecho.

Si quiero tanto a mi perro puedo hacerlo vivir en un espacio de dos por dos metros cuadrados para no separarme de él. Pero si lo respeto, entonces no me sentiré con la autoridad para cortar su libertad en pro de mis deseos.

La segunda causa es una consideración por los sentimientos de la otra parte. Me obliga a ponerme en el lugar del otro y tomar en cuenta cómo se siente con mi decisión. El amor egoísta, el amor no consciente, es siempre posesivo. Lo quiere todo para sí. Por eso cuando queremos algo, se dice que lo consideramos como nuestro. Pues el respeto nos hace darnos cuenta de que eso otro también posee individualidad, la cual debemos considerar.



Y podríamos llevarlo aún más profundo.

Tenemos un trabajo que nos va consumiendo día a día. O una pareja a la que queremos pero que la relación nos hace sufrir cada vez más. O un grupo cercano que no nos entiende y nos hace sentirnos como si estuviéramos solos. 

Por cariño o por seguridad podemos soportar eso y hacer oídos sordos del malestar que nos provoca. Pero podríamos aplicar ese mismo respeto para los demás, pero ahora con nosotros mismos. 

Imaginarnos frente a nosotros mismos (puede ser frente al espejo si nos falta imaginación) y decirnos lo que nos estamos haciendo día a día, teniendo en mente el concepto de respeto. Posiblemente nos demos cuenta de que tampoco nos respetamos. De que debido a ir tras nuestros propios deseos, por el camino nos hacemos daño. No nos tomamos en cuenta, nos faltamos el respeto a nosotros mismos.

Y puede que por eso nos sea tan sencillo sacrificar los deseos de los demás en pro de los nuestros. Si yo no me respeto, si no tomo en consideración mis propios sentimientos, es lógico que tampoco me importen los de los demás. Es lógico que quiera obligar a una mascota a parecer un jueguete. Es lógico que exija de mi pareja que actue según mis preferencias. Es lógico que exija que mi hijo cumpla con mis expectativas para él.

Si estoy dispuesto a  hacer vista gorda del malestar que me puedo estar causando, es de esperarse que haga lo mismo con los seres que me rodean, pues si empiezo a tomar en cuenta sus sentimientos (es decir, a respetarlos), en algún momento fijaré mi antención hacia mí, y me daré cuenta de que soy yo el que no se respeta, el que no se toma en consideración, el que no se escucha. Y el darse cuenta de eso podría ser poco agradable para algunos...







1 comentario :

Dra. Silvia Laura Piedrabuena dijo...

SI NO HAY RESPETO NO HAY AMOR Y VICEVERSA.
EL AMOR ESPERA -YA LO DIJO CHARLY SUBACUÀTICO